Ago 292013
 

dibujo infantilUna forma a partir de la cual el niño es capaz de representar la realidad es el dibujo, mediante el cual puede plasmar en una hoja de papel (normalmente) sus representaciones.

En un comienzo, el dibujo surge de la actividad motora, como prolongación de ella, y los primeros dibujos se limitan a reproducir movimientos de la mano que dejan una huella: movimientos de zigzag, movimientos circulares u ondulaciones que reflejan los movimientos de la mano. Con ello, el niño imita movimientos y pronto imitará también los objetos o personas que le rodean, tratando de recoger las características que le llaman más la atención. El dibujo es una forma de imitar la realidad y por ello guarda un gran parentesco con la imitación. Una de las características del dibujo infantil es su intento de reproducir la realidad, de imitarla.

El niño goza expresándose a través de los dibujos y experimentando, por lo que la relación entre juego y dibujo es muy grande.

Las relaciones con las imágenes mentales son también muy estrechas, ya que las imágenes mentales son imitaciones interiorizadas, mientras que el dibujo es una imitación, no solo exteriorizada, sino realizada con instrumentos distintos al propio sujeto.

El dibujo debe verse en conexión con las restantes manifestaciones de la función semiótica, y su desarrollo sigue un curso paralelo. Además el dibujo hace intervenir todos los aspectos y capacidades del individuo. El dibujo tiene un componente motor muy importante, y puede considerarse una buena ocasión para el desarrollo muscular.

Para reproducir la realidad, el niño necesita ser capaz de controlar sus movimientos y de adquirir una motricidad fina, que le permita llevar su mano por el camino que quiere, impidiendo que se le escape el trazo y estropee el dibujo, mediante la inhibición de movimientos no deseados.

El dibujo tiene también un indudable componente cognitivo que hace que refleje muy bien la comprensión que el niño tiene de la realidad, su representación espacial y cómo concibe las cosas. El aspecto afectivo es también muy destacado, ya que el niño representa aquello que le interesa, le preocupa o desea. El dibujo implica al niño totalmente y trata de hacer cosas hermosas y busca que los dibujos sean bonitos, por lo que muchas veces se lamenta cundo no consigue realizar su intento.

Tiene además otra característica que le diferencia de otras actividades infantiles, pues es la única producción material del niño. Probablemente empieza a dibujar imitando a los adultos, después de ver cómo éstos dejan huellas y tratando de hacer como ellos. Conseguir esto constituye una actividad fascinante para el niño y hay que entenderlo así: es la posibilidad de dejar una

huella, de tener una influencia sobre el medio que lo rodea. El niño está muy sometido a las exigencias de los demás y aprecia mucho sus propios logros.

En la etapa sensoriomotora descubro como puede actuar sobre el mundo produciendo ciertos fenómenos: encendiendo o apagando la luz, desplazando un objeto,… Con el dibujo aprende además que puede dejar una huella de una relativa permanencia.

Para el niño, el dibujo constituye una actividad importante, pero su realización y desarrollo dependen mucho de las posibilidades que la cultura en que crece le proporciona para llevar a cabo sus dibujos. El dibujo es una representación bidimensional de una realidad tridimensional, y requiere materiales (papel y lápiz u otros materiales). La disponibilidad de esos vehículos materiales constituye un factor determinante para que el niño dibuje.

El interés por el estudio de los dibujos infantiles surgió pronto entre los estudiosos del desarrollo, precisamente por este rasgo de producción material única. Sully (1896) le dedica interesantes observaciones y establece un sistema de tres estadios:

El de los garabatos sin forma

El “esquema lunar de la cara humana”

– Tratamiento más sofisticados de las figuras humanas y los animales.

La influencia del evolucionismo llevó también a subrayar la similitud entre los dibujos de hombres primitivos y de ciertas tribus estudiadas por los antropólogos, y

los dibujos infantiles, algo que resulta muy evidente y sobre lo que han insistido diversos autores.

Hay muchas maneras de estudiar los dibujos, de acuerdo con los temas, la precisión de los detalles, con la realización técnica, la perspectiva,… Ricci (1887) señala, y lo toma de Sully (1896), que el arte del niño invierte el orden natural de la creación, comenzando con el hombre: “Se puede añadir que comienzan con la parte más importante de la creación : la cabeza humana. El primer intento del niño para representar un hombre consiste en dibujar una visión frontal de su cabeza.”

Las etapas del dibujo

Luquet, en 1927 escribe un libro de síntesis en el que establece que el dibujo infantil es fundamentalmente realista y que esa es su característica más esencial: “realista por la naturaleza de sus temas y los asuntos que trata y por sus resultados”.

Aunque el dibujo sea realista en su conjunto, va pasando por una serie de fases, en las que hay un tipo especial de realismo.

Primera fase: realismo fortuito. El dibujo comienza siendo una

prolongación de la actividad motora que queda plasmada sobre un soporte. Los primeros dibujos de los niños consisten en los garabatos, líneas dejadas sobre la hoja que reproducen los movimientos que el niño está explorando, trazos rectos

o curvos que se repiten una y otra vez. Según Arnheim (1974), los niños reflejan en sus dibujos no solo el aspecto visual de los modelos, sino también el movimiento, el sonido u otras características que les llaman la atención.

Los garabatos son huellas de los gestos que el niño realiza explorando los movimientos y pueden tener muchas formas. Estrada (1991) ha realizado un estudio de los tipos de

garabateo e incluye también los porcentajes en los que aparecen los mismos en la muestra de niños estudiada.

Estos garabatos serán el “material” con el que los niños construirán sus dibujos figurativos.

Pronto los niños empiezan a encontrar semejanza entre sus dibujos y la realidad o incluso tratan de plasmar la realidad en su dibujo aunque no lo logren por falta de habilidad. Al principio, cuando se le pregunta que es lo que ha hecho, puede contestar que nada o que es un dibujo. Pero en cuanto nota una analogía entre su dibujo y un objeto real pasa a considerarlo como una representación de él y dice que es un ratón,

un caballo, o un paraguas. El parecido es fortuito pero el niño lo toma con entusiasmo y puede intentar mejorarlo.

El parecido fortuito con la realidad trata de consolidarse a posteriori y el niño que ha hecho una curva dice que es un arco, y unos días más tarde intenta realizar el mismo dibujo, pero teniendo ya en mente que quiere dibujar un arco. Se ha pasado de una situación no intencionada a una intencionada.

– La segunda fase se denomina realismo frustrado porque el

niño empieza intentando dibujar algo preciso pero se estrella con obstáculos que le impiden lograr el resultado que pretende. El primero de ellos es su control motor. Es capaz de explicar con gestos lo que quiere hacer, pero la realización le sale mal. El otro obstáculo es el carácter limitado y discontinuo de la atención infantil. Solo reproduce algunos detalles del objeto que representa, no porque ignore los otros sino porque no se fija en ellos en ese momento y puede añadirlos si se le señala que faltan. Muchas veces sólo incluye aquellos elementos que le parecen más importantes. En otros casos aquello que más le interesa se reperesenta mucho más grande, sin guardar proporciones con otros elementos del dibujo.

Dentro de esta etapa merecen atención especial los cabezudos, primera representación de la figura humana, que consiste en una figura circular de la que salen directamente brazos y piernas, sin que el tronco tenga importancia.

Tres años y medio Cinco años

El rasgo más importante de esta etapa es la incapacidad sintetica, que se pone de manifiesto en las proporciones, a la disposición de los elementos o ala orientación de éstos.

Respecto a la disposición de los elementos las cosas que tienen que estar juntas, muchas veces aparecen separadas y al reves. En los dibujos de la figura humana los brazos aparecen a veces separados del cuerpo, o el sombrero flotndo sobre la cabeza,…

La tercera etapa podemos denominarla realismo intelectual.

Una vez superada la incapacidad sintética nada impide al dibujo infantil ser completamente realista, pero el realismo del dibujo infantil no es el del adulto. Mientras que éste es un realismo visula, el del niño es intelectual: el niño no dibuja lo que ve, dibuja lo que sabe del modelo. Esta etapa del dibujo es lo que más llama la atención. El niño consigue esto de muchas maneras:

Uno de los procedimientos consiste en separar detalles que en la realidad se confunden para mostrarlos en toda su importancia: puede pintar los pelos separados unos de otros, …

Otro de los procedimientos es el denominado transparencia: dibujar las cosas que están ocultas haciendo que lo que las tapa sea transparente: el pollo dentro del huevo,…

A veces en lugar de la transparencia, se elige la proyección del objeto sobre el suelo o abatimiento. Se aplica en una mezcla de enfoques. Se utiliza mucho para representación de casas en las que la fachada se muestra de frente mientras que el interior de las habitaciones se representa desde arriba. También se utiliza para la figura humana: los pies suelen estar de perfil mientras que el cuerpo está de frente pero con la nariz de perfil.

La última etapa es la del realismo visual. A partir de los ocho o

nueve años el niño empieza a representar la realidad tal y como la está viendo, intentando utilizar las reglas de la perspectiva y atenerse al modelo. Suprime las partes no visibles de los sujetos, mantiene las dimensiones de los objetos. Los dibujos infantiles pierden esa gracia que les caracteriza.

Varios de los rasgos que hemos venido señalando pueden aparecer simultáneamente según la dificultad del dibujo que se está realizando. Por eso la evolución del dibujo no es lineal sino que se producen avances y retrocesos, debidos a la dificultad de la propia tarea; ante una tarea difícil, el niño recurre a procedimientos que ya había desechado en situaciones más sencillas.

A partir de la pubertad aparece un agotamiento de la producción gráfica. Los dibujos del adolescente se diferencian de los del adulto menos que los de los niños pequeños, de ahí el poco interés que han suscitado.

El dibujo para el adolescente no tiene el mismo significado que para el niño: sus dibujos le pueden parecer totalmente ausentes de valor estético y contrarios al realismo convencional, o bien los considera demasiado personales.

La razón de este supuesto agotamiento no está clara: algunos opinan que la enseñanza no favorece la expresión individual; otros piensan que es causa de los conflictos personales de los adolescentes; y otros lo achacan al cambio de función del dibujo, que para el adolescente tiene n papel más estético y afectivo;… Es posible de todos modos que todas estas explicaciones tengan su parte de razón.

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